Prem Rawat :: Maharaji :: “Encender las lámparas”
Esta foto fue tomada el día que Maharaji aceptó la responsabilidad de traer este mensaje de paz y plenitud a la gente de todas partes del mundo.
El día 31 de Julio de 2006, se cumplió 40 años, desde que Maharaji fue reconocido como el nuevo Maestro.
En el año 1966, el que escribe estas líneas de agradecimiento hacia Maharaji por haberme mostrado el Conocimiento de uno mismo, contaba 18 años de búsqueda desesperada por este mundo.
Cuando mi corazón comenzó a comprender que en algún lugar de esta tierra habría un ser con el don, potestad, autoridad y la capacidad de llenar ese vacío interior, ya se estaba narrando mi verdadera y auténtica historia de amor.
Dice El Kybalion: «Dondequiera que estén las huellas del Maestro, allí, los oídos del que está pronto para recibir sus enseñanzas se abren de par en par». Y además: «Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría». Otro aforismo dice: «los labios de la Sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender.»
Esto no sucedió hasta los 26 años. Ocho años estuvimos preparándonos para el encuentro. La vida nos fue deparando acontecimientos que irían cambiando nuestras vidas, para hacer posible el anhelado encuentro, al menos por mi parte. Se dice que el Maestro envía primero a sus devotos para que con sus súplicas vayan preparando su presencia.
En el país de grandes maestros y devotos un ser rebosante de inmaculado amor se estaba preparando para darse a conocer a los verdaderos buscadores ansiosos por conocer la verdadera realidad.
Maharaji fue creciendo en amor, comprensión y dedicación hacia la gran obra para la que había sido elegido. Poco a poco fue descubriendo que seres de todo el mundo le estábamos lanzando gritos desesperados. Y pronto descubrió que no debería demorar por más tiempo la llamada interior que le impulsaba a extender el mensaje de que la paz reside dentro de nosotros, y hasta que el hombre no esté en paz consigo mismo, no habría paz en el mundo.
Cuando escuché hablar de Maharaji por vez primera, un rayo de luz y esperanza se hizo presente y todo mi ser parecía asentir ante la posibilidad de que lo que estaba viviendo en esos momentos fuera cierto.
Mi corazón se había atrincherado herméticamente. Motivado todo ello, por las falsas expectativas de este mundo, siempre dispuesto a enseñarte que lo que ven estos ojos es la realidad. Algo dentro de mí se negaba aceptar esa visión deformada y lo rechazada automáticamente. No quería seguir los senderos que esta sociedad materialista, anclada en el sinsentido e ignorancia se cuidaba de disponer para que le siguiera con los ojos cerrados. Ya no confiaba en nada ni en nadie. La soledad cada día era más densa. Me rebelaba y gritaba a los cuatro vientos, pero el eco de ese grito regresaba una y otra vez, partiéndome en mil pedazos.
Una anhelada evidencia acompañada de mucho amor fue diluyendo ese caparazón que me había fabricado y dosis de paciencia, cuidado y delicadeza fueron destruyendo los muros del castillo de marfil donde tenía ubicado mi sitial, esperando alguna señal para volver a renacer.
Y como el ave fénix renaciendo de sus cenizas, fui cobrando vida y abriendo los grandes ventanales de mi corazón para que entrara la luz que poco a poco fue disipando la oscuridad que durante tanto tiempo había estado escondido.
Maharaji hizo lo que ningún ser en este mundo había sido capaz. Llevarme de la oscuridad a la luz…
F.G.M.
El anhelo del corazón siempre será buscar y encontrar al Maestro Vivo. Indaga por todos los rincones del planeta hasta hallar su paradero.
Desde que soy consciente de mi existencia y puedo percibir, a través de los sentidos, el mundo que me circunda, siempre ha existido en mí un impulso irrefrenable de búsqueda constante. Puedo ver, oír, gustar, oler y tocar todo lo que la naturaleza me brinda generosamente. Aun así, esa sed interior no fue saciada hasta que me invitaron a conocer a Maharaji y lo que él ofrecía.
El MAESTRO juega un papel primordial en este proceso. Cuando el discípulo está preparado, el MAESTRO aparece.
Si observamos nuestro desarrollo personal siempre tuvimos o tenemos maestros que supervisan todas las actividades de nuestra vida cotidiana. El Maestro está alerta a nuestro crecimiento interior. Corrige el rumbo si vamos a la deriva. Y cuando expresa algo está corroborando la experiencia que estamos sintiendo. El Maestro es como ese faro en mitad de la tormenta, o esa luz en medio del bosque. Siempre nos indica por dónde vamos. El Maestro Vivo es el único ser que tiene el don, el privilegio, de mostrar el Conocimiento de uno mismo.
EL CONOCIMIENTO. Maharaji ofrece la experiencia directa del conocimiento de uno mismo que es captada por los sentidos orientados hacia dentro. Nuestro cuerpo está diseñado para VER, OIR, SENTIR y GUSTAR el universo interior. Dentro del ser humano está la Energía primordial, la fuente de Felicidad y Verdad, esperando a que nos relacionemos con ella, al igual que nos relacionamos con el mundo exterior. Y como fruto de esa relación se manifiesta en nosotros: Paz, Amor, Felicidad, Comprensión. Libertad, Verdad, etc. etc.
DIOS, ES ENERGIA. Hay un principio en física que dice: La Energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Por lo tanto es eterna. Podemos VERLA: écnica de la Luz. Podemos OIRLA: Técnica de la Música. Podemos SENTIRLA: Técnica del Nombre. Podemos GUSTARLA: Técnica del NECTAR. Cuatro Técnicas de Meditación que Maharaji pone a nuestra disposición para iniciar la maravillosa aventura del Conocimiento interior.
Este Conocimiento es intemporal. Todos los grandes Maestro, grandes Iniciados, grandes poetas Místicos, grandes Avataras, han hablado de el. Han cantado las glorias de este Conocimiento y han impartido las enseñanzas que emanan de su práctica.
Si taláramos todos los árboles de esta tierra para transformarlo en papel, y convirtiéramos todos los ríos en tinta, no abarcaríamos lo suficiente para cantar las glorias de este Conocimiento. Todas las experiencias que han tenido todos aquellos que han dedicado su vida a la práctica de este Conocimiento, y todas las alabanzas que se han vertido, no expresan en lo más mínimo la grandeza y la inmensidad de este Conocimiento.
¡Cómo hablar de la eternidad! No podemos. Sólo sentir y sentir y sentir, hasta la eternidad.
F.G.M.