LA PUERTA DEL CIELO I :: Fernando García Muñoz
Al igual que los transbordadores espaciales, en su reingreso a la atmósfera terrestre, han de atravesarla a una cierta velocidad y a un ángulo determinado para que no reboten y se desintegren; los seres humanos hemos de encontrar esa puerta que nos libere de los apegos mundanos e ilusiones mentales, para iniciar el viaje a planos de conciencia más elevados…
¿Por qué somos tan distintos cada miembro de una misma familia, si todos hemos nacido en el mismo seno, compartiendo el mismo proyecto, y la misma educación que nuestros padres han diseñado para nosotros? ¿Quién planifica nuestro destino antes de nacer? ¿Quién traza los obstáculos que hemos de sortear en nuestra vida? ¿Estamos predestinados? ¿Es el azar? ¿Es un absurdo? ¿Es un misterio? ¿Es un sinsentido? ¿…?
Cuando nacemos ya venimos con nuestro único y exclusivo código incorporado para que se desarrollen y desplieguen todos los resortes para llevar a cabo su propósito. Todas las circunstancias de la vida marcarán nuestro destino y posibilitarán el encuentro con la clave del misterio oculto.
La entrada a dicho enigma estará bien custodiada por invisibles guardianes esperando pacientemente que desarrollemos y descubramos en nuestro interior el jeroglífico, las claves para evolucionar a otros planos de conciencia.
Tendremos señales en el transcurso de nuestra vida y solamente el corazón estará capacitado para interpretar las instrucciones y mensajes impregnados de amor provenientes de nuestros semejantes, y de las circunstancias de la vida.
Sin que comprendamos el motivo seremos arrojados a situaciones que impregnarán nuestra conciencia, dejando marcas de amor. Será el indicio de nuestro aprendizaje y empezaremos a descubrir el propósito de nuestra existencia, de forma sutil.
A partir de ese instante ya no podremos retroceder porque seremos zarandeados por el amor que nos ha dejado marcado de por vida. La esperanza se divisa en nuestro horizonte interior y por fin reconocemos que estamos llegando al final del túnel.
Cuando lo atravesamos estaremos en disposición de reconocer las indicaciones e interpretar las contraseñas que se han manifestado durante nuestra existencia. La certidumbre se estará revelando, sin que sepamos cómo ha ocurrido. Deseamos evolucionar como un niño desea andar. Queremos crecer, escalar otro peldaño en la escala interior. Empezamos a descubrirnos como seres humanos y nos agrada esa nueva sensación. Comenzamos a sentir que estamos en armonía con nuestro entorno. Y por fin respiramos amor.
Vemos una mano tendida y nuestro corazón recibe un mensaje claro, diáfano, comprensible tan solo por nosotros. Está redactado desde el origen de los tiempos exclusivamente para cada uno de nosotros.
Y dice El Kybalion: “Dondequiera que estén las huellas del Maestro, allí, los oídos del que está pronto para recibir sus enseñanzas se abren de par en par”. Y además: “Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría». Otro aforismo del Kybalion: “los labios de la Sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender.” (Hermes Trismegisto)
La puerta del cielo se está abriendo para nosotros. Habremos encontrado la abertura. Oiremos las sabias palabras y nuestro corazón asentirá y nuestros ojos derramarán lágrimas de gozo y alegría porque habremos sido dignos de comprender la sabiduría que sale del Maestro. A partir de aquí iniciamos el viaje hacia otros planos de conciencia.
El encuentro
Esta foto fue tomada el día que Maharaji aceptó la responsabilidad de traer este mensaje de paz y plenitud a la gente de todas partes del mundo.
El día 31 de Julio de 2006, se cumplió 40 años, desde que Maharaji fue reconocido como el nuevo Maestro.
En el año 1966, el que escribe estas líneas de agradecimiento hacia Maharaji por haberme mostrado el Conocimiento de uno mismo, contaba 18 años de búsqueda desesperada por este mundo.
Cuando mi corazón comenzó a comprender que en algún lugar de esta tierra habría un ser con el don, potestad, autoridad y la capacidad de llenar ese vacío interior, ya se estaba narrando mi verdadera y auténtica historia de amor.
Dice El Kybalion: «Dondequiera que estén las huellas del Maestro, allí, los oídos del que está pronto para recibir sus enseñanzas se abren de par en par». Y además: «Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría». Otro aforismo dice: «los labios de la Sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender.»
Esto no sucedió hasta los 26 años. Ocho años estuvimos preparándonos para el encuentro. La vida nos fue deparando acontecimientos que irían cambiando nuestras vidas, para hacer posible el anhelado encuentro, al menos por mi parte. Se dice que el Maestro envía primero a sus devotos para que con sus súplicas vayan preparando su presencia.
En el país de grandes maestros y devotos un ser rebosante de inmaculado amor se estaba preparando para darse a conocer a los verdaderos buscadores ansiosos por conocer la verdadera realidad.
Maharaji fue creciendo en amor, comprensión y dedicación hacia la gran obra para la que había sido elegido. Poco a poco fue descubriendo que seres de todo el mundo le estábamos lanzando gritos desesperados. Y pronto descubrió que no debería demorar por más tiempo la llamada interior que le impulsaba a extender el mensaje de que la paz reside dentro de nosotros, y hasta que el hombre no esté en paz consigo mismo, no habría paz en el mundo.
Cuando escuché hablar de Maharaji por vez primera, un rayo de luz y esperanza se hizo presente y todo mi ser parecía asentir ante la posibilidad de que lo que estaba viviendo en esos momentos fuera cierto.
Mi corazón se había atrincherado herméticamente. Motivado todo ello, por las falsas expectativas de este mundo, siempre dispuesto a enseñarte que lo que ven estos ojos es la realidad. Algo dentro de mí se negaba aceptar esa visión deformada y lo rechazada automáticamente. No quería seguir los senderos que esta sociedad materialista, anclada en el sinsentido e ignorancia se cuidaba de disponer para que le siguiera con los ojos cerrados. Ya no confiaba en nada ni en nadie. La soledad cada día era más densa. Me rebelaba y gritaba a los cuatro vientos, pero el eco de ese grito regresaba una y otra vez, partiéndome en mil pedazos.
Una anhelada evidencia acompañada de mucho amor fue diluyendo ese caparazón que me había fabricado y dosis de paciencia, cuidado y delicadeza fueron destruyendo los muros del castillo de marfil donde tenía ubicado mi sitial, esperando alguna señal para volver a renacer.
Y como el ave fénix renaciendo de sus cenizas, fui cobrando vida y abriendo los grandes ventanales de mi corazón para que entrara la luz que poco a poco fue disipando la oscuridad que durante tanto tiempo había estado escondido.
Maharaji hizo lo que ningún ser en este mundo había sido capaz. Llevarme de la oscuridad a la luz…
F.G.M.
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